El curso ha llegado a su fin, con recuperaciones incluidas ahora que septiembre es junio, y las calificaciones finales ya están en manos de los padres. En este punto es cuando llega la gran duda: ¿se debe premiar a los niños por aprobar todo o sacar muy buenas notas? ¿Y castigarles durante verano si han suspendido? Los expertos coinciden en que no es lo más apropiado. A la hora de tomar esta decisión, los padres tienen que tener en cuenta varios factores.

PREMIAR A LOS NIÑOS POR SUS BUENAS NOTAS

Los padres pueden realizar un regalo a sus hijos si creen que se han esforzado mucho por aprobar sus asignaturas y consideran que se lo merecen, pero siempre que se trate de un regalo inesperado y que no llega por costumbre. Si, año tras año, los padres obsequian a los niños por aprobar, llegará un momento en que su esfuerzo esté únicamente dirigido a conseguir el regalo y pierdan la motivación por aprender, mejorar y formarse.

Los niños deben ser responsables y asumir que su futuro es lo que está en juego y su recompensa no será un regalo, sino el éxito y los logros que se derivarán de su esfuerzo. Es mejor que se sientan apoyados y motivados y que reciban ayuda en los momentos de frustración y palabras de reconocimiento y orgullo por sus notas.

Hay regalos que resultan positivos para el desarrollo del niño, desde palabras de reconocimiento, ánimo o apoyo hasta un libro. Por ejemplo, elaborar su plato favorito o ir a un restaurante que le guste mucho, acciones que se realizan en otros momentos, pero que, en ese caso, surgen a consecuencia de las buenas notas. No será algo a lo que el niño aspire durante todo el curso, puesto que no crea en él una necesidad, como puede ser otro tipo de regalo.

EL CASTIGO NO ES LA SOLUCIÓN

Muchos expertos coinciden en que la respuesta más generalizada, el castigo, es la menos apropiada. Los padres se sienten frustrados cuando sus hijos suspenden y vuelcan esta frustración sobre ellos. Ningún niño se siente feliz u orgulloso de suspender. Los niños necesitan confianza y que sus padres les ayuden.

Es cierto que no hay que celebrar un suspenso, pero la mejor forma de gestionarlo es buscar las causas y tratar de comprender a los pequeños. Hay que exigirles que estudien y se esfuercen para aprobar, pero hay que buscar con ellos la motivación. Los padres deben ayudar a los niños, no aumentar su frustración. Hay que concienciarles de la importancia que aprobar tiene para su futuro y su vida.

Los niños deben reforzar sus conocimientos durante el verano y pueden recibir clases particulares y realizar cuadernos de ejercicios, pero sin perder la oportunidad de salir y disfrutar de sus vacaciones. Un castigo solo contribuirá a aumentar su frustración y animadversión hacia los estudios.