Las redes sociales se han convertido en una parte esencial de la vida diaria no solo de adultos y jóvenes, sino de los niños, que las utilizan para interactuar con sus compañeros de clase o amigos. Pese a que existen diversas redes sociales para niños, muchos menores de 9 o 10 años están presentes ya en Facebook o Instagram.

Algunas compañías han desarrollado redes sociales dirigidas al uso de niños menores de 14 años. La legislación española no permite que los niños y adolescentes menores de 14 años se abran perfiles en redes sociales sin el consentimiento de sus padres. Esta regulación no tiene que ver con qué hacen los jóvenes en sus perfiles, sino lo que las páginas pueden hacer con sus datos. Pese a esto, las redes sociales en pocas ocasiones cuentan con mecanismos que permitan verificar la edad de sus usuarios.

Facebook lanzó a finales del año pasado Messenger Kids, una versión del chat en el que los niños pueden comunicarse con una lista de contactos validada por sus padres previamente, en la que no hay publicidad y se protege la seguridad y privacidad de los menores. La compañía de juguetes Lego también desarrolló una aplicación para niños llamada Lego Life y recomendada para mayores de 13 años. La red social pretende ser un lugar seguro donde los fans de Lego pueden consultar noticias, vídeos y contenidos emitidos por la compañía e interactuar con otros niños.

Las principales críticas que surgen en torno a estas redes giran en torno a la seguridad de los niños, pero también que crean una necesidad de uso de tecnologías que no debería existir en edades tan tempranas. Un problema añadido es que los niños tienen generalmente un conocimiento mucho más amplio del entorno digital, por lo que esconden con facilidad sus perfiles a sus padres u otros adultos.

En redes sociales, los niños se enfrentan a peligros como el cyberbullying o el sexting. Es necesario que haya un control constante por parte de los padres, porque los niños no tienen la misma percepción de la privacidad y la seguridad que los adultos, por lo que pueden verse envueltos en dinámicas de intercambio de mensajes con contenido sexual o violento. Además, la mayoría de ellos creen que los contenidos que publican y borran después o se mantienen solo de forma temporal, como los ‘instagram stories’, desaparecen de la red, lo que no es cierto, pues todo lo que se publica permanece.