El cierre de los parques y áreas infantiles en España ha causado una gran polémica llegándose a cuestionar si realmente existe alguna evidencia científica que avale su restricción. Estos recintos de ocio han sido los más castigados desde el comienzo de la pandemia. Fueron los primeros en cerrar desde que se decretó el Estado de Alarma, pero también han sido los últimos en abrir tras ello. Aún hoy en día algunos de ellos permanecen precintados en ciertas comunidades autónomas.

Las evidencias científicas y medidas han ido cambiando desde que la Covid-19 se convirtió en una amenaza en España, al ser un virus nunca antes tratado. En este sentido, durante los primeros meses se pensaba que el virus podía ser ampliamente transmitido a través de los niños, cuestión que quedó desmentida posteriormente. Por ello, una de las primeras medidas que se tomaron fue el cierre de parques para evitar el contagio y la aglomeración de niños en estas zonas. Y así lo incluyó Sanidad en el primer borrador de medidas contra el coronavirus.

Algunas voces expertas

No obstante, con el paso de los meses han salido varios estudios y expertos en la materia que contradicen esta medida y la consideran algo contraproducente para el correcto crecimiento de los niños. Tal y como refleja un interesante artículo de El País, uno de estos expertos es Javier Padilla, médico y coautor de ‘Epidemiocracia’(Capitan Swing), el cual contempla esta medida como una solución que no supone ningún coste económico al Gobierno y, por lo tanto, fácil de implantar para la tranquilidad ciudadana.

Entre los primeros argumentos dados por las autoridades sanitarias para el precintado de estas zonas de recreo estaba la posibilidad de que estas zonas pudieran ser foco de contagio por haber una nula desinfección de las instalaciones. No obstante, la evidencia actual confirma todo lo contrario. Según José Antonio López, profesor de virología en la Universidad Autónoma de Madrid, los científicos han indagado la incidencia del virus en diferentes zonas y han podido concluir que “el virus en el interior es más resistente, pero en zonas que están expuestas al sol la incidencia es mínima”.

De igual manera lo expuso el catedrático en bioquímica y biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid, José Manuel Bautista, el cual afirmó que “la posibilidad de transmisión a través de superficies inanimadas y objetos es menos frecuente de lo que se ha reconocido hasta ahora”, haciendo referencia a un estudio reciente publicado en la revista científica The Lancet que analizó el grado de contaminación de superficies inanimadas. De tal manera, los autores de este estudio concluyeron: “Nuestros hallazgos sugieren que es poco probable que la contaminación ambiental que conduce a la transmisión del SARS-CoV-2 ocurra en condiciones de la vida real siempre que se cumplan los procedimientos de limpieza y las precauciones estándar”.

El miedo como principal guía ante la pandemia

Con las evidencias puestas sobre la mesa, es innegable pensar que muchas de las medidas llevadas a cabo por el Gobierno y las autoridades sanitarias, como el cierre de parques, son más para tranquilizar a los padres sobre el miedo al contagio de los hijos, que para conseguir una solución real al problema.

Es evidente que el riesgo de contagio entre los más pequeños siempre es posible. Es inevitable que los niños a la hora de jugar se lleven algo a la boca o se toquen la cara después de tocar algún objeto. Sin embargo, tal y como recuerdan profesionales como la Dra. Esther Samper, fomentar el ocio al aire libre es precisamente una manera de procurar el distanciamiento y dificultar el contagio que se produce en ambientes cerrados. Pues estos lugares permiten una mayor seguridad por su ventilación que la que podría haber en los propios colegios. ¡No cierren los parques infantiles!